“HOY ES ESPECIAL”

Este es un libro creado por la fotógrafa Julia Ziegler-Haynes en el que se recrean los 24 menús escogidos por presos condenados a muerte para su última cena y que la artista recuperó de los registros públicos de los condenados a la pena máxima. Cada uno fue preparado y cocinado según los gustos y especificaciones de cada prisionero. Encontramos desde comida rápida hasta una simple aceituna negra sin hueso. Como curiosidad, la petición más popular fue una hamburguesa con queso y patatas fritas.

“Esencialmente, estos prisioneros se habían convertido en invitados en mi casa. Y así, a pesar de haber estado inmersa en los detalles horribles de cada crimen, descubrí en varias ocasiones que sentía empatía hacia ellos”, señala Ziegler-Haynes.

John Wayne Gacy, violó y asesinó a 33 niños y adolescentes, entre 1972 y 1978. Ejecutado a la edad de 52 años, mediante inyección letal, en el Centro Correccional Stateville de Illinois, en 1994. Su última cena consistió en pollo frito Kentucky, baked beans (judías cocinadas en salsa de tomate picante), patatas fritas, un batido de chocolate y fresas (que no se le sirvieron).

Allen Lee Davis alias “Tiny” de 54 años, condenado, por robo y 3 cargos de asesinato, a la Silla eléctrica en Florida, en el año 1999. Su última cena fue: cola de langosta, patatas fritas, camarones fritos, almejas fritas y 2 rodajas de pan de ajo.

Lewis Gilbert fue declarado culpable del asesinato de un guardia de seguridad y dos ancianos. Fue condenado a muerte y le dieron un cóctel letal de drogas en la Penitenciaria del Estado de Oklahoma en el año 2003. La última cena fueron 2 tarrinas de helado de vainilla y algunos cucuruchos.

Timothy McVeigh de 33 años de edad, condenado a muerte por 168 cargos de asesinato en Indiana. Ejecutado con inyección letal en el año 2001. Su última cena fue un kilo de helado de menta con trocitos de chocolate.

Thomas Treshawn Ivey fue condenado a muerte por matar a un empresario y a un sargento de policía, en 1993. A los 34 años de edad, se le administró una inyección letal en el Instituto Correccional de Broad River en Carolina del Sur, en el año 2006. Para su última cena pidió un donut y un batido de chocolate.

Ricky Ray Rector de 42 años, condenado a muerte por 2 cargos por asesinato y ejecutado con inyección letal en 1992, en Arkansas. Su cena fue un filete, pollo frito, zumo Kool-Aid de cereza y de postre pastel de nueces. El pastel de nueces se lo reservó “para más tarde”, según le comunicó al guardia que le acompañaba.

Gary Mark Gilmore cometió varios robos y dos asesinatos en Utah. Su caso ganó repercusión internacional por haber pedido, el mismo, la pena de muerte. Fue fusilado en la Prisión Estatal de Utah, en 1977. La cena que pidió, la noche antes de su muerte a los 36 años, consistía en seis huevos duros, pan y café. Sólo se bebió el café.

Ronnie Lee Gardner, 49 años de edad, condenado a pena de muerte por robo en varias casas y 2 cargos por asesinato. Fusilado en el año 2010 en Utah. En su última cena tomó cola de langosta, filete, pastel de manzana y helado de vainilla. Mientras comía, estuvo leyendo la trilogía de El Señor de los Anillos.

Louis Jones Jr, ex sargento de las fuerzas especiales en EEUU, fue declarado culpable del secuestro, violación y asesinato de una compañera, también de las fuerzas especiales, de 19 años de edad, en Indiana. Fue ejecutado en el Complejo Federal Correccional Terre Haute de Indiana, en el año 2003. Su última cena consistió en una selección de frutas variadas.

Theodore “Ted” Bundy, 43 años de edad, condenado a pena de muerte por violación, necrofilia, fuga de la cárcel y 35 cargos de asesinato. Ejecutado en la silla eléctrica en 1989, en Florida. Declinó elegir una cena especial y le dieron la última cena tradicional: filete poco hecho, huevos fritos, patatas fritas en tiras, tostadas con manteca y jalea, leche y un zumo de naranja.

James Hudson asesinó a una pareja de 64 años de edad con una escopeta, con el antecedente además de haber disparado al hermano de unos de ellos con el mismo arma, dos años antes. Condenado a muerte, fue ejecutado en el Centro Correccional Greensville de Virginia, en el año 2004. Como última cena pidió una galleta cream cracker y seis Coca Colas.

Eddie Lee Mays fue condenado a muerte por robo y asesinato y ejecutado en la silla eléctrica en el Correccional de Sing Sing de Nueva York, en 1963, a los 34 años de edad. Como último deseo rechazó la cena y pidió un paquete de cigarrillos Pall Mall y una caja de cerillas.

Stephen Anderson, 49 años, condenado a muerte por robo en viviendas, agresión, fuga de la cárcel y 7 cargos por asesinato. Ejecutado mediante inyección letal en el año 2002, en California. Para su última cena pidió dos sandwiches de queso a la plancha, queso cottage con rábano y maíz, pastel y un helado con chips de chocolate.

Jackie Barron Wilson, culpable de violar y asesinar a la niña Maggie Rhodes, de cinco años de edad, fue condenado a muerte y ejecutado con inyección letal en la Penitenciaria del Estado de Texas, en el año 2006. Su última cena fue una cebolla cruda, 2 coca colas y un paquete de chicles.

Victor Feguer, culpable de asesinato en Iowa en el año 1963, fue condenado a muerte por ese cargo. Como última cena pidió una simple aceituna. Según él, al comer la aceituna, un olivo nacería de su cuerpo como un símbolo de paz. Imagino, según su exposición, que la pediría sin deshuesar.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Juan Carlos Perez Usandizaga dice:

    Es curioso. En ese humbral de la vida y la muerte, cuando saben que van a ser ejecutados (de pequeño cuando me enseñaban religión, me decían que nadie sabe cuando va a morir. Otra mentira) , hay quienes no tienen hambre y piden bebidas, fruta, tabaco, y quienes se dan la gran cena de su vida como si quisieran despedirse a lo grande. Gastronómicamente hablando, en ningún caso hay peticiones sofisticadas, con platos bien elaborados, y con comida sana. ¿Qué mas les dá si los van a matar?. El caso de la aceituna es curioso, pero una persona que ha cometido un asesinato, no es precisamente quien querría ser el germen de un futuro olivo. Imagino que habrá personas que estén enfermas, y otras no. También alguno será como cualquiera de nosotros, que se ha visto en una situación límite en si vida y haya cometido un delito. De todas las maneras el ser humano no puede quitar la vida a nadie, porque su vida no le pertenece. Es como jugar a ser Dios. Es verdad que se cometen atrocidades, comportamientos inhumanos con otros humanos, pero cuando quiere, ésta sociedad, bien que sabe aislar a los peligrosos socialmente sin necesidad de matarlos.

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