Flashback

Soy nostálgica por naturaleza, no lo puedo evitar y me encanta, me encanta echar la vista atrás y nadar entre recuerdos 😀 .

Esta tarde he escuchado decir a un chico que está viviendo en el extranjero cuánto echa de menos los bocatas, y entonces he tenido un “flashback”: ese BOCATA CON CHOCOLATE Y MANTEQUILLA DE TODA LA VIDA. Ese que resiste a toda época y moda, porque al final no hay nada comparable al tierno y crujiente pan, la cremosidad de la mantequilla y cras! el trozaco de chocolate que rompes con fuerza. Creo que solo se puede equiparar al placer de mojar en leche una galleta María.

Hablándolo hace poco con mi hermano llegamos a la conclusión de que probablemente la verdadera función de la mantequilla fuera la de mantener la tableta bien pegada al pan y así resistir a las carreras y vueltas que dábamos en el patio (sabias son las madres).

Otro bocadillo que me encantaba, aunque no fuera muy común, era el de antxoas en salazón con queso curado o tranchette, mmmmmm…, se me hace la boca agua al pensar en ese pan empapado en aceite de oliva…, eso si, luego bien de agua para compensar el resecón.

Cuando me portaba bien o a mi madre le daba por ahí, mi hambriento estomaguito saltaba de felicidad ante la llegada de la persiana con mantequilla (de Martina de Zuricalday), quitaba el hipo y cualquier tontería.

Durante el verano, las meriendas se hacían en el pueblo y cambiabas la barra de pan por la típica hogaza-torta con azúcar por encima. Sabías que tu tesoro estaría esperando sobre la mesa de la cocina bien tapado para que no lo chuperretearan las moscas.

¿Y qué era un verano sin el polo de leche?, porque sí, era mucho más rico que el de chocolate y además los manchurrones se disimulaban más 😉 .

Pero no puedo ponerme melancólica recordando los placeres culinarios que me han marcado y no nombrar el arroz con leche que mi madre hacía algunos fines de semana. Ese no se qué que qué sé yo que te subía al oler el limón, la naranja y la canela, acercarte a la olla y verlo ahí, borboteando y pidiéndote a gritos que cogieras una cucharilla y lo probases (aunque estuviese aún duro y quemase como los mil demonios).

Estos son los momentos que primero me han venido a la mente, cada uno tendrá los propios con sus particularidades. Lo que está claro es que los disfrutamos en su momento y ahora también recordándolos, y si no es suficiente con los recuerdos, ¡a por el pan y la tableta hombre ya!.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Carol dice:

    Hola Vicky!

    Que grande esta entrada!! Recuerdo el bocadillo de chocolate unido a esas carreras en el patio del colegio…mmm… que cosa tan rica y tan simple!

    Un besito de tu compi de Periodismo 🙂

    Carol

    1. Gracias!verdad que dan ganas de hacerse uno ahora mismo?(y más a estas horas). Un beso grande,nos vemos el jueves con ganas 😉

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