Pequeña reflexión sobre los alimentos precocinados

Leo: ES EL FUTURO, NOODLES HECHOS EN 8 SEGUNDOS. Un sentimiento de desagrado y enfado me recorre el cuerpo, “¿será posible?, qué miedo, qué será lo próximo…”, sí, me ha invadido el espíritu de la abuela picajosa.

No estoy libre de pecado y más de una vez, y de dos, he recurrido a platos precocinados, deshidratados o congelados que solo requieren un poco de calor y listo. Pero al recorrer los pasillos del supermercado y ver que todos estos productos están invadiendo las estanterías y ganándoles terreno a los frescos, se me encoge el corazón.

Modos de preparación como el estofado, guisado y horneado, ¿las veis a menudo?, quizá en fin de semana o cuando vais a casa de la abuela (puntazo si contáis con un abuelo al mando en la cocina). ¿Por qué ocurre esto?, lo atribuyo a lo siguiente:

  • el ritmo de vida: queremos y tenemos que llegar a todo y hacerlo cuanto antes, inmediatez. La lista de tareas se alarga y nuestro tiempo de disfrute se acorta. 
  • la alteración en el orden de prioridades: nos llaman la atención otras cosas como internet, la televisión o el teléfono, a los que dedicamos más tiempo, y cuando llega el momento de saciar nuestro apetito queremos hacerlo en el menor tiempo posible viviéndolo como un mero trámite.
  • el habituamiento a comer solos: comemos rápido y lo hacemos a solas, blanco perfecto para caer en la trampa y comprar ese envase en formato individual.

Una de las consecuencias de todo esto, aparte de las ya conocidas negativas para la salud (que no son pocas), es que nos convierte en incultos culinarios. Desconocemos los productos, los tiempos, las proporciones, las combinaciones, los modos de preparación necesarios a la hora de elaborar un plato. Lejos queda el ensayo-error, la satisfacción o frustración generados.

Os (nos) animo a que no nos ganen la batalla, a que creemos hábito, a que no perdamos la ilusión ni la curiosidad culinarias, y así lo transmitamos a los demás. A que optemos por productos frescos y sigamos activando la economía del país. A que elaboremos grandes pucheros y los congelemos para que la prisa nunca sea una excusa. A comprar pan al panadero y a hablar con él. Y en definitiva, nos animo a todos a jugar de nuevo a las cocinitas.

“Tener tranquilo el ánimo y alegre el humor a la hora de comer y de dormir, es uno de los preceptos cuya práctica contribuye más a prolongar la vida” Sir Francis Bacon.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Juan Carlos Perez Usandizaga dice:

    Gastrónoma vas ganando también en sabiduria. La juventud no es inversamente proporcional al sentido común. Yo cuando abro un sobre de sopa preparada y leo lo que lleva se me encoje el alma. A mi padre, que trabajaba en el campo de un pueblo burgalés, le llevaba la comida su hermana, que había preparado la madre. Pan y tocino. Pero creo que los tocinos de antes no son como los imaginamos. Tenían carne y buena tajada. Jamás tuvo colesterol ni tensión alta. Se alimentaba de chorizos, jamones, y otras viandas. El caldero con sopa (o lo que fuese) que colgaba en la chimenea y que tenía de todo lo que uno se puede immaginar. La madre lo iba cargando día a día. Llenarse el plato de su contenido debía ser algo así como una delicatesen. Sin embargo yo, que me he alimentado bien de pequeño pero mal de mayor, tengo en mi cuerpo todo lo indeseable de los malos alimentos.
    Ten en cuenta también que ahora les añaden a las comidas rápidas grasas indeseables, engordantes, edulcorantes, estabilizantes, y hasta sinvergonzantes.

    1. Que palabras más bonitas, además me han hecho reír. 🙂

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