10 platos de cine

Ciertos platos se vuelven memorables por su aparición estelar en alguna escena de cine, y automáticamente ese momento se convierte en un mito. Si os preguntan por La Dama y el Vagabundo , ¿no os parece imposible no nombrar los famosos spaghettis del amor?.

Ya en 1925 fue Charles Chaplin quien hizo un guiño gastronómico en La Quimera del Oro, en la que convierte un zapato viejo y hervido en un plato digno del más exigente gourmet. O cómo olvidar la cena del Festín de Babette (1987), una oda al buen hacer en la cocina y en la mesa.

Difícil escoger, pero lo he hecho. El resultado es este, mis 10 platos de cine memorables, y los que mi cultura cinematográfica me permite recordar:

  • La tarta de chocolate de Matilda: cómo olvidarse del pobre Bruce y su castigo a manos de la malvada Trunchbull. 
  • La tarta de manzana de American Pie: y el momento en el que nos dimos cuenta de que no sólo el plátano podía tener un doble uso. 
  • La Big Kahuna Burger de Pulp Fiction: nunca una cheeseburger fue testigo de tanta tensión. Lo cierto es que las hamburguesas en el cine parecen siempre tan apetecibles…
  • La cabeza de cordero de Las Cenizas de Ángela: la lucha de una madre por poder dar algo especial a su familia para la cena y todo lo que consigue es una cabeza de vaca. No he podido encontrar ninguna muestra de ese momento, ni video ni foto.

  • Los huesos de pollo y las madalenas de Qué He Hecho Yo Para Merecer Esto: es una de esas escenas que hacen grande a una película, y ese célebre “me pondré un poquito a plan mañana” , bendita Chus.
  • El batido de Lolita: los milkshake dan mucho de sí, desde Trainspotting hasta Grease, servido en vaso alto con pajita. Como el que se pide la caprichosa Dolores Haze (Lolita), de chocolate con sirope y una guinda.

  • Strudel de Malditos Bastardos: las películas de Tarantino tienen mucho tirón en lo culinario. En este caso incluso una tarta de manzana en manos del repugnante Hans Landa resulta tentadora. Y esa nata, oh dios mio esa nata.
  • Los sesos de Hannibal Lecter: de un repugnante a otro. Concrétamente al momento en el que , durante un vuelo, Hannibal ofrece a un niño los sesos que él está degustando. Curiosamente no he encontrado ni una imagen.

  • Los gofres con helado de Pequeña Miss Sunshine: imposible no compadecerse de la pobre niña ante el sermón paranoico de su padre sobre crema y calorías.
  • La salsa de tomate y las chuletas de Goodfellas: Al parecer el trabajo de gangster da mucha hambre, y sino que se lo digan a estos amiguetes que en un momento se preparan una cena digna de cualquier mamma.
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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Gran post para demostrar una vez más que la gastronomía mueve el mundo, también el del cine.
    Algunos que me vienen ahora a la memoria (que tal vez no sean los mejores si lo reflexiono más) son las galletas que servían de tapadera en el robo de “Granujas de medio pelo”, los tomates verdes fritos de la película y la novela homónimas o la pasta a la puttanesca de “Una serie de catastróficas desdichas”.

  2. Carol dice:

    A mi me viene.. el Red Velvet cake con forma de armadillo de “Magnolias de acero”, los macarrones con queso de Kevin McCallister de “Sólo en casa”, o los pasteles y tartas de María Antonieta…mmmm… Un post excelente Vicky!

    1. Es que hay taaaantos de donde elegir que se hace bien difícil. Magnolias de acero no la he visto, marcada como pendiente 😉

  3. Juan Carlos Perez Usandizaga dice:

    Muy bonita idea la de éste artículo, o post o como se le llame

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