Bacalao, maíz, alubias y patatas. Sueños e historia.

Bacalao de Bilbao. Es una frase mil veces escuchada. El pueblo vasco está íntimamente ligado al consumo de este pescado, se prepara con mimo y esmero. Si ves los lomos en remojo por la noche sabes que al día siguiente la cocina se inundará de aromas a ajo y aceite de oliva.

El que este hecho se diera es gracias a los valientes pescadores vascos de la Edad Media que se embarcaron en la aventura hacia las aguas frías del Banco de Terranova. Esos mares negros que tantas vidas tragaron y fueron testigo de la lucha entre vascos y nórdicos por la captura de dicho animal. Y es cierto que el bacalao ha hecho mucho por el hambre a través de los siglos.

Con el descubrimiento de América llegó el maíz que desertó al aburrido mijo, solo usado ya para realizar escobas. Se adaptó bien al ambiente, y podía ser empleado para alimentar tanto a humanos como al ganado. La torta de maíz junto con la leche se convirtieron en alimentos básicos de los campesinos. Y no hay huevos de mejor calidad que los de aquellas gallinas alimentadas a base de este cereal.

De América también se ha de agradecer la inclusión de la patata alavesa y la alubia de Tolosa. Platos consistentes para los duros inviernos y proteínas que sustituían a la carne en la mesa del pobre. No solo en territorio vasco, en el resto del país también: fabada asturiana, potes gallegos, pucheros andaluces…

A lo largo de la historia se ha hablado mucho y más de lo que ocurría en nuestras cocinas:

“Tierra donde se come pescado”, dijo el Obispo armenio Martiros

Según el franciscano Venerable Bell, en San Sebastián se comía “pernil, cerveza y queso de Inglaterra”

Bowles afirmó en 1775 que era raro ver a un vasco embriagado y lo explicaba por la abundancia de alimentos consumidos antes de empezar a beber.

En 1778 Juan Laglance explicó las excelencias de las angulas de Bilbao y de los jibiones con su “licor negro”, y dijo que los bilbaínos de toda condición eran muy aficionados a los placeres de la mesa.

Humbolt anotó en 1801 que en las villas de Guetaria dedicadas al txakolí, apoyaban sus camas en vértebras de ballena.

Y para terminar, el galo Teofilo Gautier encontró aceptables los sabores de nuestra cocina a excepción de los del aceite y pimentón.

Las historias se hacen de trabajo, de luchas, de inversiones, se hacen de tiempo pasado, presente y futuro. Se hacen de sueños. Lo que hoy podemos saborear no es porque sea así, porque sea ley de vida, es por la naturaleza y por los sueños de gente de aquí y de allí.

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. esther dice:

    Muy interesante toda la entrada, mucha información interesante y fácil de “digerir”. La reflexión final generosa al valorar lo que han aportado los que nos han precedido.

    1. Me alegra mucho que te haya gustado 😉

  2. Juan Carlos Perez Usandizaga dice:

    ¿No serás vasca por casualidad o porque así lo quisieron tus padres?. Los vascos siempre se han llevado bien con los ingleses, será porque tienen alguna afinidad además de la lluvia. ¿Ya sabes la canción “un inglés vino a Bilbao para ver a las bilbainicas…” Los vascos siempre son muy respetados y admirados en todos los sitios del extranjero donde he estado. Seguro que tú eres una buena embajadora de tu tierra allá donde tu vayas, por tu don de saber disfrutar, además de la buena cocina, también de la compañía de los comensales.

    1. Por supuesto, me siento muy orgullosa de la cultura culinaria de mi tierra pero al final lo realmente interesante es lo culinario en general, en todas partes, y en todos los sentidos.

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