Cinco días en mi ciudad

El viernes perdía el avión. Estaba atascada entre el tráfico inglés, a veces puede ser exasperante. Pero llegué, cogí el vuelo y volé al sur.

Estoy de nuevo en el mismo espacio de siempre, las mismas puertas, las mismas miradas y los olores no cambian.

El sábado subí a una montaña para comer marisco. El mar en pleno campo sabe delicioso. Entre las piedras del caserío se pierden las conversaciones, esas que se ahogan en la copa de vino.

El domingo hice lo que siempre he hecho, en mi habitación de siempre, con la misma lluvia, las mismas voces y los sonidos no cambian.

Sobre el mantel de cuadros comí una alubiada. Me supo a gloria, gloria de otoño. No existen los minutos, he perdido la noción del tiempo y es que anochece algo más tarde que en el norte.

El lunes me mezclé entre la gente y solo los paraguas hacían de guía. Me doy cuenta de que la novia sigue en el mismo lugar de siempre, es la misma compañía, las mismas conversaciones y el frío no cambia.

El escenario Kabuki nos cobija, es ahí donde comemos algas, arroz y pescado. Caldos que te templan el alma, aunque el mochi lo han cambiado y ya no me hace tanta gracia.

El martes fue mi cumpleaños por lo que sabía que durante todo el día tendría el cuerpo raro. Es el día de la emoción y la ilusión. Madrugué, caminé, caminé mucho e intenté buscar cobijo de la lluvia. Lo encontré ante el mismo vino de siempre, con el mismo chico, el mismo cielo y las baldosas no cambian.

Como pintxos y pescado, me doy cuenta de lo que lo echo de menos y de lo bien que se vive aquí, un poco más al sur.

El miércoles era el día de la despedida, pero no fue un miércoles cualquiera. Una visita inesperada cambió el rumbo de lo previsto, me dio igual, era la primera vez en los cinco días que no era lo mismo de siempre y me hacía gracia que así fuera.

Hacemos la ruta que no entiende el no, la que te abre el apetito con el tinto y te lo satisface con bocados de oro y océano.

Y así, con exceso de equipaje y una maleta llena de todo eso que sólo te dan los de siempre, vuelvo a este avión. Me separan unos minutos del norte, de mi otra realidad donde anochece un poco más temprano.

Los lugares fueron:

la foto

la foto (1)

  • La ramona. Colón de Larreategui 37.

  • La Gallina Ciega. Máximo Aguirre 2.

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la foto (3)

la foto (2)

tkikig

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Elena dice:

    ¡Que bonito todo! Lo que escribes y las fotos. Espero que no comieses todo lo que se ve en las fotos, o si, que mas da, lo importante es disfrutar del instante, del dia, de la vida, de todo. Muchas felicidades por tu cumpleaños. Zorionak

  2. juanki dice:

    Y Bilbao sin tí no es lo mismo.

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