La cena del martes en Tierra Perú

Pensaba que ya había probado la comida peruana, quizá de tanto escuchar sobre ella, pero cuando el pasado martes fui a cenar a Tierra Perú me di cuenta al instante de que no lo había hecho aún. Y qué sorpresa más grata.

A pesar de que se están abriendo como si regalasen los alquileres, elegimos este restaurante en concreto porque un peruano se lo había recomendado a mi amiga, y es que el chef Gastón Acurio ha hecho muy bien a la imagen gastronómica del país.

El lugar no tiene nada de especial, iluminado escasamente y con pocas mesas desde las que se ve la barra del bar al fondo. Un equipo amabilísimo, acogedor y paciente llenan el lugar de alma. Pero cuando llega la comida ahí si que todo tiene sentido. Elegimos dos menús degustación con seis platillos cada uno, entre los que encontraban varios ceviches (clásico, verde y rojo de calamar), ají de gallina (cremoso, tierno y delicioso), frutos de mar con un fino rebozado, causa limeña (puré de batata con aceite de oliva, ají y zumo de lima rellena de pollo y nueces), papa huancaina (patata hervida cubierta de crema de queso y ají amarillo) y muchas yuquitas fritas.

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Me sorprendió el carácter y personalidad de los platos, a pesar de compartir ingredientes, cada uno era inconfundible y único. En todos ellos se notaba la dedicación y el reposo, y es que en la cocina peruana se precisa tiempo y mimo.

¿Qué bebimos?, pisco sour por supuesto, da igual que sea chileno o peruano porque está buenísimo y acompaña a la comida que da gusto.

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Acabamos llenísimas y ni pensar en postre, eso al principio. Fue entonces cuando el jefe de sala, muy hábil él, nos invitó a unos chupitos de hoja de coca que te calman y ayudan a la digestión. Entonces el postre no se nos antojaba tan pesado, ¿uno para compartir?, venga pues unos picarones con helado de canela (rosquillas fritas de patata dulce y calabaza regaditas con sirope de azúcar), ligero. Recordaban mucho a nuestras rosquillas. También nos plantó unos alfajores como señal de su amabilidad y nosotras encantadas porque además estaban riquísimos.

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Toda buena cena se sella con la típica charla entre propietario-cliente, larga, tanto que tuvimos que salir algo a prisa porque el último metro salía en poco tiempo, y estábamos un tanto lejos de casa como para ir en autobús. Caminando entre la neblina te das cuenta de lo lejano que está Perú pero de lo cerca que lo puedes sentir en este rinconcito del barrio de Angel. Un verdadero placer para los sentidos.

P.d.: Perdón por la calidad de las fotos, pero es todo lo que puede ofrecer mi móvil.

Tierra Perú. 164 Essex Rd. Islington, London. N1 8LY.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. esther dice:

    Por momentos me he sentido con vosotras disfrutando de uno de esos momentos en los que nos sentimos tan bien que se nos suelta la lengua y el alma.

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