Volver a Roma

Este fin de semana lo he pasado en Roma. Hacía más de dos años que no volvía, desde que ese julio nos separamos después de haber vivido una verdadera historia de amor a su lado, una historia que duró unos diez meses.

Este reencuentro ha sido más sereno, más pausado. Yo he cambiado pero ella es eterna y permanece impasible a los años. Sobrevive a todo y encara a la vida con majestuosidad.

Se que no es perfecta, como nadie lo es, pero cuando pienso en qué es lo que realmente me engancha de ella me vienen a la mente cientos y miles de motivos. Verla de nuevo no ha hecho más que reafirmar todos ellos.

Me gusta esa decadencia, el carácter mediterráneo que permite entablar conversación en cualquier lugar, en cualquier esquina. Me gusta el respeto por las tradiciones y por las cosas más simples (aunque este rasgo también les lleve por el camino de la amargura). Me gusta su luz y sus baldosas que no puedes dejar de mirar cuando calzas tacones para evitar que el siguiente paso sea en falso. Me apasiona su café (que echo tantísimo de menos en Londres) y me enamora su gastronomía. Los buenos productos, los intensos sabores y la cantidad de colores. También me encandila la finísima elegancia de aquellos que la llevan como si la ropa flotase, ese saber estar y esa manera de saludarse aprentando la mano. Me gusta esa exageración tan inconfundible y esa intensidad con la que viven las cosas (otro aspecto que les da disgustos). Sus pinos, sus casas terracota, sus terrazas y sus plazas. Y sigo y sigo y podría seguir nombrando.

Cuando viajo lo hago con la curiosidad de alguien inmaduro, busco la sorpresa y que me sorprendan. Lanzarse a las calles y descubrir qué es lo tienen ellas que decirme.

Estos han sido algunos de los lugares que he conocido durante el reencuentro:

  • Ditta Trinchetti: un restaurante en el barrio del Trastevere pequeñito pero cuidado al detalle. Madera y platos colgados del techo le dan el carácter. Probé la ensalada de burratta deliciosa con un buen pedazo de queso, rúcula, tomate y nada más. Y como no, las alcachofas a la romana, que estamos en temporada y además de sanas son un manjar. Tiernas, calentitas y con muchísimo sabor. Tienen una amplia selección de vinos que siempre se agradece.

Via della Lungaretta, 7600153 Rome Trastevere

  • Cacio e Pepe: así como el anterior tiene su punto innovador, este restaurante es típica y puramente romano. Nada más llegar lo ves en el tipo de clientela, son casi todos de la ciudad, muchos se conocen y vienen a comer a menudo. El servicio es rápido y eficaz, aquí lo importante es llenar la panza con gusto. El plato estrella es, por supuesto, la pasta al cacio (queso) y pepe (pimienta negra). Una bomba de vida, la pasta casera con todo el sabor del jugo. También hacen otros platos típicamente italiano/romanos como polpette (albóndigas), pollo alla caciatora (salsa de vino, aceitunas y alcaparras), carbonara, carcioffi (alcachofas)… Es el típico lugar en el que sabes que vas a comer bien sí o sí.

Via Giuseppe Avezzana, 11, 00195 Roma

  • Carlo Menta: recuerdo que durante los tiempos Erasmus la mayoría de nosotros elegía esta trattoria por su buena y abundante comida y razonables precios. Es un lugar popular siempre lleno de clientela, sobre todo de turistas. Una buena opción para un domingo lluvioso como fue el nuestro. Comí pasta frutti di mare con tomate, almejas, mejillones y langostinos y una sopa de verduras para entonar el cuerpo.

Via della Lungaretta, 101, 00153 Rome

  • Fluid: la costumbre del aperitivo es de las que más me gusta de Italia. Consiste en consumir una bebida y a cambio tienes barra libre para picar lo que quieras: bruschetta, embutido, ensaladas, arroz, humus, verduras a la parrilla, pasta… He probado bastantes y el Fluid es uno de los mejores, comida variada y buena bebida. Por cierto, aunque se llame aperitivo, la hora en la que se hace es al final de la tarde, sobre las 7,30, perfecto para calentar motores. Además está en pleno centro, a dos pasos de Piazza Navona.

Via del Governo Vecchio, 46, 00186 Rome

Si queréis conocer más sitios donde comer y beber como reyes, podéis leer “Una bella giornata“.

Gracias Roma por volver a mí.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Emocionante tu relato. Que cosa más buena la pasta con frutti di mare, tengo un recuerdo imborrable y algo nostálgico de cuando degusté este plato con mi padre en el Pastarito. En Roma hasta los restaurantes de una cadena tienen su personalidad. Roma es apabullante, me hace sentir pequeña y protegida por toda esa historia que te envuelve vayas donde vayas.Gracias.

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