La dignidad que da la cafeína

Es el tintineo de las cucharillas en las tazas, los golpes al vaciar los mangos, la máquina calentando la leche. Son esos sonidos de la mañana que acompañan y que despiertan incluso más que el propio café bien cargado que te mira de frente tras una noche más corta de lo que te hubiese gustado (o quizá demasiado larga). Esos artistas, y otros menos, del solo, del cortado o del con leche en vaso de cristal y largo de café, que te ayudan a poner un pie en la calle con dignidad, esa que da la cafeína. Escuchaba hace poco decir a una chica “huele bien. está caliente y te hace hablar rápido”, y me hizo gracia.

No tengo duda, puedo mudarme dos veces al mes, quizá tres, pero allá donde tenga que dormir por más de una semana seguida necesitaré, primero el producto y después el utensilio, ya sea cafetera de filtro, de émbolo o de presión. Porque me puede faltar incluso la sartén, pero con las mañanas no se juega.

Fue en 1889 cuando, frustrado por las pobres condiciones sufridas en la armada bávara, Count Rumford inventó el percolador, una cafetera que hacía circular agua y café juntos a altas temperaturas cuando ésta se ponía en contacto con el calor.

Melitta Bentz, una ama de casa de Dresden, inventó el filtro de papel y así se empezó a utilizar el famoso método tan de moda hoy en día. Ocurrió en 1908 y 21 años después Italia popularizó la cafetera de émbolo, invento originario francés.

En el 38 llegó Nescafé y su café instantáneo que de tantas nos ha salvado y tantos sueldos para toda la vida ha regalado. Lo que nunca imaginarías es que fue en Seattle donde se centró la comercialización del espresso. Pues sí, David Schomer lo puso en el ojo de mira en 1988 al abrir su cafetería de estilo norte italiano llamado Vivace.

Con los 90 apareció el frappuccino, una bebida dudosa para mi gusto pero que refrescó mucho más los veranos.

¿Y hoy?, pues hoy parece ser que se ha convertido en toda una religión, las listas de los mejores cafés de cada ciudad están a la orden del día y no hacen más que abrirse nuevos locales que defienden su estilo propio o su método particular de elaboración. Incluso un Starbucks de la Grand Central Terminal de Nueva York ha sido reemplazado por un tostador local.

La gente puede morir de un momento a otro, es un fenómeno natural. Bebamos café porque en el otro mundo no se puede

Immanuel Kant

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