El oro que salió de Jerez

No recuerdo la primera vez que probé el vino de Jerez, seguramente fuera mi amiga Macarena, una rubia del Puerto de Santa María, la que me despertó la curiosidad tras escuchar sus historias de feria mientras pasábamos un año inolvidable en Roma. Lo cierto es que, y como le pasa a la gran mayoría de la gente, no me convenció del todo. Un sabor completamente desconocido, misterioso, como lo es todo lo que envuelve su elaboración.

Pasó un tiempo hasta que lo volví a probar y, con el paladar algo más educado, descubrí también al resto de los miembros de su familia: el amontillado, el oloroso y el palo cortado. Entonces me empecé a rendir ante tal grandiosidad, ante ese carácter esculpido en barricas centenarias y bodegas que son una maravilla arquitectónica.

Cuando pruebas uno de estos vinos sientes la tierra albariza, la brisa salada, la hierba seca, el velo y esos soleados veranos gaditanos.

Los fenicios ya lo distribuían por el Mediterráneo, sobre todo en Roma, e hicieron de él un “vino viajero”. Con la conquista árabe las cosas se pusieron difíciles debido a los mandamientos del Corán pero, gracias a que los jerezanos defendieron las pasas como alimento para las tropas de la Guerra Santa, se salvaron muchos viñedos condenados a la desaparición.

Vuelta a la cristiandad, Alfonso X devolvió el prestigio a los vinos de Jerez y fue con Enrique I con quien comenzó el comercio con Inglaterra : lana inglesa por botas de vino.

En ciertos momentos los ingleses se pasaron de listos e intentaron botines que en ocasiones resultaron ser grandes pérdidas como el de Sir Martin Frobisher con 3.000 botas de vino en su bodega. Lo cierto es que los convirtió en tremendamente populares entre la Corte inglesa, basta solo echar un vistazo a los nombres de las familias bodegueras para darse cuenta de que caló muy hondo.

Hoy quiero recomendar el Amontillado de Delgado Zuleta. Lo probé pocos días atrás en una magistral cata a cargo de Salvador Real, un artista enólogo de las bodegas Delgado Zuleta. Se trata de un vino extraído 100% de la uva palomino fino y criado durante seis años bajo velo de flor y otros dos de forma oxidativa. Presenta la concentración de un oro viejo, sabor a frutos secos (avellana) y a vainilla.

Una maravilla hecha con la pausa y el mimo de quien entiende esto como la madre a la que hay que cuidar y que tanto aporta.

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8 Comentarios Agrega el tuyo

  1. esther bravo dice:

    Muy interesante la información histórica. Además despierta las ganas de viajar al sur y beberlos en terrazas deslumbrados por un sol único y en bares húmedos buscando el contraste.

  2. lopezoy dice:

    Buenos dias , les recomiendo entrar en mi web para ver nuestra novedosa barrica de cemento un nuevo invento que revolucionara el mundo del vino tal y como lo conocemos, proporcionando un márquetin a el producto conservado en las mismas barricas. un saludo

  3. Bruno dice:

    Hola vicky, macarena es nombre de manzanilla!!! 😉 la sirven en plaza olavide en la matritense y es excelente!!! Gracias por el trato en vuestro restaurante.

    1. Jajaaj. Justo estoy con ella y se lo he comentado.
      Gracias a ti! Esperamos verte pronto !

      1. Bruno dice:

        Si he ido hace un par de semanas con los vivinos! 🙂

      2. Si, me imaginaba ! Pocos Brunos pasan por aquí 😉

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