Un banquete veneciano

Hoy os voy a hablar de un cuadro que seguramente sea bastante más conocido que el anterior, se trata de Las Bodas de Caná de Paolo Caliari o el Veronés. El pretexto de esta obra no fue otro que una representación bíblica: la transformación del agua en vino en las bodas de Caná. Nos situamos en la opulenta Venecia del siglo XVI, una ciudad renacentista.

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Cristo, junto a su madre y los discípulos, preside la mesa. A la derecha de los músicos se encuentra Benedetto, hermano del artista, quien hace las veces de maestresala y levanta una copa de vino comprobando el color, el gusto y el año tal como lo haría un buen catador diariamente en Venecia. El consumo de vino era considerable en la ciudad aunque solo fuera por la escasez de agua potable, que se recogía en cisternas de mármol y luego se filtraba a través de grava, lo que le daba un desagradable gusto arenoso.

Las copas y fuentes de finísimo cristal, oro y plata relucen sobre el mantel. Hasta los palillos eran de oro(en el lado izquierdo de la mesa y al fondo se ve una dama que tiene uno en la boca). Los patricios reunidos en torno a la mesa se consideran todavía los señores de los mares. Casi todos llevan trajes exóticos; a lo largo de su carrera al servicio de la republica la mayoría había vivido en Oriente en calidad de diplomáticos o administradores coloniales.

Generalmente los cuadros no mostraban ni salas ni el personal de servicio; el Veronés rompió con esta convención. Introdujo un tercer plano entre los invitados a la mesa en el primer plano y los espectadores del fondo que, desde los balcones, quieren echar una mirada a la fiesta. Allí un chico negro espera con una bandeja el asado que después será servido por un hombre barbudo que se encuentra entre las columnas.

En los banquetes venecianos se consumían asombrosas cantidades de comida. Durante un banquete de cuatro horas se servían 90 platos diferentes a los 100 invitados.

Pero la mirada inusual del pintor al mundo del personal de servicio no satisfacía el gusto de cualquiera. Algunos años después, en 1573, fue citado por la Inquisición. Se le acusaba de introducir personajes vulgares e inaceptables en el tema bíblico, la Última Cena. << Si en el cuadro queda sitio -replicó el Veronés-, lo adorno con personajes de mi fantasía […] he pintado un cocinero y me he imaginado que ha acudido por su propio gusto para ver lo que ocurre.>>

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. ELENA BRAVO SUAREZ dice:

    Qué interesante!!

    Enviado desde mi iPhone

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