Nakeima desde el otro lado

De que en Nakeima se hace algo grande ya había dado buena cuenta hace poco más de un año, pero hoy escribo para corroborarlo. También es cierto que es un lugar al que me unen numerosos lazos pero, siendo realista, y si hablamos de calidad, en Nakeima la hay por todos lados.

Partimos de un equipo al que mueven la pasión y las ganas, factores que a mi entender son fundamentales cuando se quiere transmitir emoción. Algo que se consigue cuando crees en lo que haces y, a su vez, cuando lo que haces te llena y satisface.

Varias personas nos preguntan si se trata de un negocio montado por todos nosotros como un grupo de amigos que emprenden juntos, pero lo cierto es que el origen no fue tan romántico, a pesar de que al final nos haya llevado a la amistad.

Hace pocas semanas tuve la suerte de poderme sentar al otro lado de la barra y, efectivamente, comprobé que se come muy pero que muy bien. Tenía unas ganas tremendas de probar todos esos platos completamente terminados, porque lo cierto es que algo vas catando por el camino pero no es lo mismo ni de lejos.

Llegó la primera vaporera con un dim sum de foie y manzana y un siu mai de papada ibérica, para mí lo más cercano a un bocado perfecto. La segunda vaporera traía el bao de ternera y pimiento verde que me sorprendió muchísimo y, para rematar la primera traca, el wonton de gambas.

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Bao ternera
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Siu mai papada

Entre tanto, las copas de vino desfilaban con elegancia. Quien las servía me conoce bien y sabe que si pudiera elegir viviría a base de champagne y generosos.

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Como novedad sacaron un cebiche de lubina al que le siguieron los nigiris, esos pedacitos de gloria tan diferentes entre sí,pasas de la vieira a la gamba y de ahí a la panceta y el solomillo sin pestañear. Tras ellos llegó un plato que tenía muchas ganas de probar, el ramen seco. Lo descubrimos en un restaurante de Tokyo y nos gustó mucho la idea; a partir de ahí todo es dejárselo a la imaginación del chef y de pronto tendrás un ramen seco con lengua de ternera, setas encurtidas y salsa de tuétano.

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Ramen seco

Terminamos con el que para mí ha sido el plato hasta el momento, la oreja de cochinillo con espuma de patata y leche de coco y kimchee. Perfecto en cuanto a contraste de texturas y sabores: cremoso, crujiente, sabroso, picante… Se mezclan la contundencia de la oreja con la suavidad del coco y el frescor de la hierbabuena convirtiéndolo en un final de matrícula de honor.

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Oreja de cochinillo

Tras esta cena me reafirmo en aquello de que en Nakeima se hace algo bien grande . Hablamos de una barra y dos mesas, en torno a 20 comensales, 0 reservas, 6 personas trabajando, tres fuegos, varios minutos (o ciertas horas) para comer y todo el disfrute que seas capaz de sentir.

Algo así como el paraíso para cualquier hedonista que se precie.

 

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