Beber en Nueva York

Hace pocos días me encontraba en Nueva York, la ciudad del metal, el asfalto y las ráfagas de viento inesperadas. Allí estaba, impaciente por conocer y, por supuesto, hambrienta y sedienta. La verdad es que nunca había sido un destino que me llamara especialmente la atención pero he de decir que ahora, a mi vuelta, lo recomiendo absolutamente a todo el mundo y sobre todo a aquellos que viven con ganas de divertirse. Porque en sus locales serás testigo de un festival de completo disfrute y entretenimiento, o simplemente lo encontrarás caminando y descansando en uno de los bancos plantados en la puerta un negocio cualquiera. Los newyorkinos están ansiosos por socializar y hablarán contigo, os intercambiaréis un par de frases o las que os apetezcan. Viven al día, al minuto, y exprimen las horas al máximo.

Un plus bastante importante a mi juicio es que allí se bebe de maravilla. Es la cuna de la cocteleria y los bares de luz ténue y botellas brillantes se suceden uno tras otro. Allí dentro, el tiempo se convierte en algo estático y es que las horas pasan pero lo hacen en bucle. Hasta que no sales, no te das verdadera cuenta del día que es y de dónde estás; pero de pronto te topas con gente excéntrica, taxis que vuelan y edificios inmensos y otros protegidos por cadenas de escaleras que parecen ascender hasta el cielo. Y es allí donde sientes estar. Y es entonces cuando te das cuenta de que la ciudad no te ha escupido sino que te ha acogido y embaucado.

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(Algunas de las) copas que bebí:

  • El cóctel del NoMad

Te lo presentaban en dos partes, una, dentro de un gallo, y la otra en cáscaras de huevo. El primero se componía de vodka, naranja y vermouth blanco; y el segundo de clara de huevo, amontillado y vodka infusionada con trufa negra. Estábamos hambrientos y este aperitivo fue perfecto para entonar el espíritu nocturno.

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  • El vino de Masa

De la comida me ocuparé más adelante, ahora el asunto va de la graduación, pero es obligatorio apuntar que este restaurante japonés es el paraíso terrenal para cualquier amante de la cocina nipona. De verdad. Absolutamente todos los bocados son para caerte de culo y además el trato es insuperable e incluso divertido (que ya es decir viniendo de un restaurante de este tipo).

Bebimos un Borgoña blanco que expresaba a la perfección su “tierra”. Fino, elegante, embriagador. Era un Chevalier-Montrachet del 2012 hecho con uva Chardonnay. El acompañante perfecto de una comida y compañía inmejorables.

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  • El Old Fashioned del Employees Only

Este lugar se abrió pensando en que los empleados de la hostelería tuvieran forma de paliar la sed de vida, por ello su horario se extiende de lunes a domingo hasta las cuatro de la mañana. Encontrarás un buen ambiente y algún que otro temazo sonando. Allí pedí mi cóctel favorito, el Old Fashioned, hecho a partir de bourbon, limón, angostura, agua y azúcar al gusto (para mí mejor poca). Un trago seco y directo, sin andarse con rodeos como ocurre con las horas bajas.

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  • El Dry Martini del Bemelmans Bar

Otro trago igual de sincero el cual es imposible de enmascarar: ginebra, vermouth seco y la imprescindible aceituna. Lo disfrutamos en este bar clásico donde se escucha la música del piano en directo y donde los suelos se forran de moqueta. Mientras bebes y escuchas, te pierdes en las pinturas que revisten sus paredes, una mezcla de estilo francés y chino.

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  • Él Old Fashioned Bacon del Please Don’t Tell

Entrar en este “speakeasy” no es tarea fácil ya que lo haces a través de una cabina telefónica plantada en un local de comida cualquiera. Y olvídate de pasar sin reserva. Sobre esta bebida poco que decir, ya sabéis, los estragos de la emoción, que no son buenos compañeros de la memoria. Un Old Fashioned ahumado, intimidad y un pequeño golpe en el trasero.

PDT Michael Taft
shot on spec while shooting for ARRIVE magazine
  • El Bloody Mary del King Cole Bar

Se supone que es éste el lugar donde se inventó y había que despedirse de Nueva York como se debe. Los tipos de Bloody Mary eran unos cuantos: con wasabi, salsa de ostras u orégano; pero esta vez decidimos pecar de clásicos así que nos agenciamos un Red Snapper. Un chorrito de limón y todos los astros se alinearán de nuevo.

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Continuará . . .

 

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Luis dice:

    Vicky, hoy, he llegado a Comer a Moncloa y me he encontrado con que ya no estás ahí. Ni siquiera encuentro tu perfil de Instagram, al menos tengo la esperanza de que me leas aquí. He de decir que no me sorprende, en el momento que me han dicho que ya no estabas en Menéndez Valdés los sentimientos han sido encontrados pero inesperadamente asumidos. Te doy las gracias por dar tanto de ti, ahí, me congratulo de tu valentía al salir de una zona de confort muy confortable y empezar una historia nueva. Que te vaya bonito, que sigamos en contacto y que sigas escribiendo.

    1. No me aparecía tu apellido pero al momento he sabido quién eras. Por tus palabras y por el cariño que transmites a través de ellas. Placer el mío por contar con gente como tú tras la barra de los que poder aprender de mucho pero sobre todo de humanidad. Nos encontraremos, no me cabe la menor duda, y que seguiré escribiendo dalo por hecho. Un abrazo enorme.

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