Un verano en carretera. Etapa N°4: Florencia y Roma

Cuando salgamos del enfrascamiento de nuestro propio ego y cuando escapemos como ardillas de la jaula que es nuestra personalidad para volver nuevamente al bosque, temblaremos de frío y de miedo. Entonces nos pasarán cosas que harán que no sepamos quiénes somos. La vida, fresca y reveladora, se nos adentrará.

D.H.Lawrence

Nos alejamos del mar y entramos en la Toscana, la región de los embutidos y los vinos, de los pueblos que coronan colinas, con sus torres defensivas, vigilantes. El Arno, el vinagre y la banca. El mármol, los Médici y la trufa blanca. Y así llegamos a Florencia.

Buca Mario

Al entrar te recibe la propietaria, quien se ocupará también de cobrarte, y amablemente te guía a través de bóvedas y pasillos hasta tu mesa. Allí, los clientes de toda la vida se mezclan con los turistas, porque no hay que olvidar que uno está en una de las ciudades con mayor concentración artística por metro cuadrado del mundo. El camarero te atiende con rapidez y, a veces, hasta se permite un pequeño vacile al cliente, lo cual tampoco viene mal. En Buca Mario hay que olvidarse de lo que pasa fuera, comer y hablar, la ausencia de cobertura se encargará de que así sea.

Comimos:

– Carpaccio de bottarga con ensalada de escarola.

– Dorada al horno

– La famosa bistecca alla fiorentina

De postre:

– Zuppa fiorentina: bizcocho con pepitas de chocolate recubierto de crema chantilly, merengue y fresas.

Bebimos:

– Solaia 2012. Vino tinto toscano hecho con las uvas sangiovese, cabernet franc y cabernet sauvignon.

Piazza degli Ottaviani, 16. 

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Restaurantsinflorence.com
Recomendación: antes de cenar puedes tomar un cóctel en el Caffe Florian (si, como el de Venecia), donde se preparan negronis sobresalientes y muchos tragos clásicos y un pelín creativos, pero con mesura. Via del Parione, 32. 

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Ilforchettiere.it
Desde Florencia, como si atravesáramos la antigua Via Cassia, llegamos directos a Roma. De esta ciudad ya he hablado en contadas ocasiones, es mi debilidad declarada y confesa. Es un lugar en el que caminas infatigable porque es tal la belleza que muestra, que pierdes la conciencia de tí mismo. Es majestuosa, es monumental, es caóticamente divertida y es la Dolce Vita en estado puro.

Pierluigi

Mediados de agosto supone que los romanos hayan volado y la ciudad esté tomada por los extranjeros, sin embargo, los pocos que quedan, se refrescan cenando en la terraza de este restaurante abierto en 1938. El producto estrella es el pescado y, además, en la carta de vinos puedes encontrar alguna que otra sorpresa (positiva, claro).

Comimos:

– Ostras

– Gambas salteadas con tomates y chiles

– Rodaballo al horno con patatas

De postre:

– Tarta de limón (cuanto más al sur, más limón)

Bebimos:

– Gaia e Rei 2010. Un vino blanco espectacularmente envejecido gracias a una sabia mano en bodega. En casos como este es en los que uno se da cuenta del poderío de los vinos italianos y de lo mucho que perdemos esta percepción.

Piazza dei Ricci, 144. 

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Piercarlomarinelli.com
Recomendación: beber buenos cócteles en Roma no es tan fácil como lo puede ser en otras capitales europeas, la verdad es que a los italianos no les apasiona beber. Pero si buscas un lugar donde hacerlo, y bien, ése es el Hotel d’Inghilterra (Gin and It: gin y maraschino) o el Hotel Locarno (Shake It Once like Elvis: rye whiskey, angostura, lima, pimienta y regaliz).

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No hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado, para darte cuenta de cuánto has cambiado tú

Nelson Mandela

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