Los torreznos que comía Lope de Vega

Todos conocemos a Cervantes y su Don Quijote o hemos quedado en la plaza de Quevedo una tarde cualquiera. Pero, ¿en qué época y contexto social vivieron estos eruditos?. Fue en el denominado Siglo de Oro, que no es un siglo realmente sino que se extiende desde el reinado del Emperador Carlos V hasta la decadencia de Carlos II. Durante esta época el oro y sobre todo la plata, llegada de América, permiten a España sostener grandes empresas en el exterior y extender la sombra de su poderíos sobre toda Europa. Y es durante este periodo que la vida española produce los mejores literatos y pintores de su historia, hablamos de Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Velázquez o Zurbarán. Son ellos quienes mejor recogen el retrato de la sociedad de la época.

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¿Qué se comía en la España del Siglo de Oro?. Como es de esperar, había una clara diferencia entre clases, así la nobleza y el alto clero consumían cantidades ingentes de carnes, pescados, miel y algunas frutas exquisitas. Tenían en poca estima a la carne de vaca y a la de cerdo, que sólo conocían en salazón y curada; además despreciaban la leche como muy peligrosa. Conocido es el caso de Carlos I y su padecimiento severo de gota causado por su consumo de cantidades ingentes de carne, tanta, que la leyenda dice que se despertaba a media noche con debilidad de estómago y que para confortarse, se comía un pollo.

Para el resto de la población, lo ordinario era comer olla u olla podrida (algunos para comer y cenar), también eran muy solicitados los despojos (la casquería). En cuanto al pescado, las clases altas lo tomaban fresco, se traía en caballerías durante el invierno (papel fundamental jugaron los arrieros maragatos) y las menos pudientes lo consumían en escabeche o seco. A la bota se le daba en el desayuno, en la comida y en la cena, sin embargo se bebía poca cerveza porque tenía muy mala reputación por haberla traído los “flamencos” que acompañaron a Carlos V.

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Volviendo a los literatos, si hay uno que sentía pasión por describir lo cotidiano ese era Lope de Vega. El poeta tenía huerta propia y su prestigio legitimaba casi todas las lechugas y tomates que entraban en Madrid, hasta tal punto que los vendedores pregonaban por la calles su genero al grito: “¡Lechugas de Lope!”.

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Durante todo el siglo XVII Madrid se convierte en la capital gastronómica de España, que hasta entonces había sido Sevilla. La calle estaba llena de vendedores ambulantes que vendían pájaros de La Alcarria, lechugas de Morata, melones de Villaconejos y fresas de Aranjuez. Y, por la mañana, naranjada y aguardiente:

Ande yo caliente

y ríase la gente…

Traten otros del gobierno

del mundo y sus monarquias,

mientras gobiernan mis días

mantequillas y pan tierno,

y en las mañanas de invierno

naranjada y aguardiente,

y ríase la gente.

Luis de Góngora

Lope era muy torreznero y no sólo desayunaba con ellos sino que no perdió ocasión de celebrarlos como un ” tentempié”:

Quien con un torrezno asado

se desayuna, o con migas,

al dotor le da cien higas

Se dice que era muy madrugador y cuando un visitante había ido a tratar unos asuntos con el poeta, éste había escrito ya la jornada de una comedia, desayunado y escrito una carta:

Habrá una hora que acabé la jornada, almorcé un torrezno, escribí una carta de cincuenta tercetos y regué todo este jardín.

Célebres eran los bodegones donde se vendía comida hecha y torreznillos. En 1641 un corregidor quiso clausurar los bodegones de la Puerta del Sol acusándolos del “mal ornato” y del “humo que resulta”, pero los alcaldes de la Villa y Corte defendieron estos bodegones que además de servir de “sustento y alivio de los pobres”, no producían otro olor que el de “torreznos y cosas de comer que a nadie ofenden”, (basta recordar que entonces no se freían sino que se asaban).

Otros menesteres del Barroco y su cocina eran los hojaldrados de Cervantes, postres como el mazapán o el manjar blanco, también lo eran el gusto refinado de Felipe II o las recetas de la época de Carlos V. Pero de todo ello hablaremos más adelante por lo que os recomiendo seguir en línea.

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5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Elba dice:

    Me ha gustado mucho y me ha parecido una manera muy interesante y amena de aprender la historia y las costumbres culinarias de aquella época.
    Tendría que aparecer así en los textos de la educación obligatoria, seguro que los chavales estudiarían la materia mucho más motivados.

    1. Si, un texto es fundamental como también la persona que lo transmite. Gracias!

  2. Esther dice:

    Totalmente de acuerdo.
    Mucha información interesante de forma muy amena.

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