Sobre unos Austrias insaciables y la abundancia de hielo

Durante el reinado de Carlos V (“el César”) en el SXVI, y como ya apunté en la entrada anterior, las desigualdades eran inmensas y la realeza se caracterizaba por la ostentación, copiosidad y desequilibrios de sus comidas.

Durante esta época de la historia era típico el letuario, una confitura de frutas de consistencia sólida que se cortaba en trozos y que las gentes acostumbraban a tomarlo para desayunar con una copa de aguardiente.

Pasamos delante, y en una esquina, por ser de mañana tomamos dos tajadas de letuario y agua ardiente, de una picarona que nos dio de gracia

Quevedo

Había también gusto por las bebidas dulces como el hipocrás, una de las más consumidas durante los siglos XVI y XVII, o la aloja, compuesta de agua, miel y especias.

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“Tres músicos”. Velázquez. 

Diversos autores subrayan la importancia de la cocina toledana y es que eran sus mercados los mejor abastecidos de la Península. La pasión de los toledanos por las berenjenas hizo que se les llamase “berenjeneros”, con la alboronía como receta fetiche: calabaza, berenjenas y cebolla.

A Carlos V le sucedió en el trono Felipe II, un rey que disfrutó de grandes banquetes desde bien pequeño:

El plato de lo asado de la mañana. 

Dos gallinas, dos perdices, una pieza de carnero y otra de ternera.

– El plato de lo cozido.

Una gallina, una pieza de carnero y otra de vaca o ternera, tocino, manjar blanco, pasteles hojaldrados, panecillos, frutas y verduras.

– A las cenas.

Se da lo mismo que a las comidas y para los domingos y festivos se acrecienta el plato de la mañana. 

La Cocina de Palacio. María del Carmen Simón Palmer.

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Más adelante, cuando Felipe II pasó a ser un hombre adulto, hizo propia la costumbre de realizar solamente dos comidas al día (almuerzo y cena) y la selección de platos era igual para cada uno. Debido al reducido consumo de fruta y verdura los problemas de salud que sufría eran notables y por ello se le administraban frecuentemente dosis de trementina, vomitivos y enemas. Además se ponía un orinal nuevo en el retrete real cada dos semanas (esta compra constituía el artículo más regular en los libros de cuenta de la semana).

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Banquete real. Alonso Sánchez Coello.

Los monarcas de la Casa de Austria comían primero “con los ojos” y elegían entre los que se les presentaba a la vista; fueron unos reyes tragones e insaciables. Fuera de palacio, sin embargo, el hambre reinaba por doquier. Para hacerse una idea de lo que era la sociedad de entonces basta saber que entre 1630 y 1635, de un presupuesto estatal de 7.256.000 ducados 5.665.000 iban destinados a la guerra de Flandes y 600.000 a la de Alemania y al resto de la Península.

Lo que no escaseaba era el hielo, que se encontraba muy fácilmente en los Pirineos y la Cordillera Cantábrica, en las Sierras de Gredos y Guadarrama y en Sierra Nevada. Esta nieve se empleaba para hacer helados de dos clases, en sorbete y garrapiña (un helado solidificado parcialmente).

Poemarios, comedias y entremeses de los grandes del Barroco están repletos de relatos que huelen a mazapanes, fruta de sartén, melindres, arroz con leche de almendras y fresas con crema.

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Naturaleza muerta con dulces. Tomás Yepes.

Madrid, tiene moriscas las entrañas.

Fuiste corte y no fuiste cortesano.

Y si villa, no ha sido por villano

que capitalizaste las Españas.

Todo lo peregrinas y lo extrañas

desde tu aldeanismo castellano:

Que Lope hizo gatuno y sobrehumano

teatro de invisibles musarañas.

A la luz que tus aires aposentas

Cervantes le dio voz, Velázquez brío,

Quevedo sombras, Calderón afrenta

rodeando de llamas su vacío.

Y Goya con su sutil mano violenta

máscaras de garboso señorío.

José Bergamín. Tres sonetos a un Madrid viejo y sordo.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. esther bravo dice:

    Gracias una vez más por tanta información y ofrecida de forma tan amena. Me sorprende la capacidad de esos estómagos, el desprecio a su gente que pasaba tantas necesidades y la repostería tan parecida a la de nuestros días. El letuario y el helado garrapiña a la altura de la cocina más creativa.

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