Alimentarse en tiempos de Lenin y Stalin

Yo tengo la impresión de que hoy no hay nadie que se quede sin comer en Moscú. La alimentación es barata. Más barata que en ninguna parte del mundo.

Esto lo escribía el periodista Manuel Chaves Nogales tras su visita a Moscú en el 1928. En ese año Stalin era quien dirigía el país como secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética.

Lo cierto es que en aquella época, y como lo transmite Nogales, la población de las grandes ciudades como Moscú o San Petersburgo no pasaba hambre, sin embargo fue en las zonas rurales donde las hambrunas diezmaron a millones de campesinos (suponían el 80% de la población junto con los obreros).

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“El trabajo en el campo espera”

El kilo de pan cuesta diez copecs (unos 30 céntimos de peseta), y la carne es tan abundante que se considera un lujo no comerla […] Se hace una comida fuerte al día.

Manuel Chaves Nogales. Heraldo de Madrid 1928.

Los obreros tenían su restaurante cooperativo en la misma fábrica y la comida diaria les salía por 1 peseta, el sueldo mensual era de 250 pesetas.

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Créditos: El Carburante de la Historia

En el Moscú comunista el hecho de alimentarse no suponía un deleite sino algo rutinario que había que hacer para estar nutrido. La oferta era homogénea y la presentación no se tenía en cuenta, siendo esta muy sobria y particularmente cutre. Los cubiertos de estaño, las bandejas de plástico y los vasos tipo duralex contrastaban con la suntuosidad de la ornamentación de los restaurantes o stolóvaya (bufé libre sin camareros).

El menú era prácticamente el mismo en todos los establecimientos hosteleros de la URSS:

  • Sopas, se tomaban como plato principal
  • Vegetales con carne (solianka)
  • Vegetales (shi)
  • Pescado, mucho arenque y ahumados como el shproti parecido a la anchoa
  • Ensaladilla (stolíchnaya)
  • Raviolis grandes (pelmeni)
  • Gelatina de carne
  • Hojas de col rellenas de carne picada
  • Marinados de todo tipo

Tampoco solía faltar el caviar negro ya que el esturión abundaba.

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Créditos: playgroundmag.net
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Créditos: traveler.es

Vladímir Lenin, líder de los bolcheviques y primer y máximo dirigente de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas en el ’22, era totalmente ajeno a los placeres de la comida. En su entorno se empleaba el término “alimentación” para referirse a las comidas o cenas. Su única pasión culinaria era la cerveza, pero solo una jarra diaria, no más, la moderación era fundamental.

El dictador soviético y responsable de cuarenta millones de muertes, Iósif Stalin, sin embargo, valoraba la gastronomía algo más. Durante su exilio en Siberia tuvo ocasión de probar varias clases de pescados exquisitos como el salmón de Siberia, el favorito de los zares. Y, aunque no se sabe cómo pudo descubrirlo, el plátano era su fruta predilecta.

Durante las comidas, los camareros no servían a los invitados sino que dejaban en la mesa el primer y segundo plato, las guarniciones y postres, y se iban. La razón era que en la mesa se discutían asuntos de Estado importantes que nadie ajeno podía escuchar. Además, y como táctica para soltar la lengua, no faltaban los vodkas ni los coñacs.

Rusia parca, Rusia desigual, Rusia excesiva.

 

 

 

 

 

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